EL ACTO DE PERDONAR

Reza el dicho: "el tiempo cura todas las heridas" y obvio que tiene su tanto de verdad y sabiduría. Sin duda a veces el tiempo nos hace ese favor o los recuerdos mueren en el mar infinito de información almacenada en nuestro interior.
Quizás existirá alguien que se limite a responder "ya eso no tiene importancia. Eso quedó en el pasado", pero lamentablemente ese modo natural de curación psicológica no se da frecuentemente como se quisiera. La mayoría de las veces se necesita mucho tiempo, quizás una vida entera o más de una, para que los malos recuerdos se disipen y no duelan.

Por suerte, el ser humano  cuenta con una facultad que sustituye a la amnesia primaria inducida, que necesita más de la decisión y el amor que de la mala o buena memoria. Esta aptitud se conoce como el acto del perdón. Perdonar es ese acto mediante el cual exceptuamos o remitimos de la deuda psicológica a alguien o a nosotros mismos

Estemos claros en que el olvido no es perdón. Al que perdona no le sucede nada extraño en la memoria, simplemente optó por hacer un regalo y hacerse ese regalo también. Cuando se otorga el indulto, el recuerdo sigue, pero ya no duele, ya no hace daño. Muchas personas (incluso nosotros mismos) dicen perdonar, pero pasado el tiempo se percatan de que aún aquel acontecimiento duele. Si duele, si hace daño, no hay perdón. Es tan simple como saber que no se ha superado.

Al acto de perdonar se puede llegar de dos formas: la reflexión objetiva de lo sucedido y el amor. En el primer caso es asunto de reflexionar y buscar un punto objetivo a lo sucedido, intentando desarrollar una actitud más comprensiva y entender por qué ocurrieron los hechos y cuáles fueron las causas. Es un proceso netamente racional e intencional. La meta es hallar una explicación que permita una conclusión menos tóxica, más benigna y por ende más objetiva. Con esto no se busca justificar el comportamiento de la otra persona, se busca hallar una explicación. Explicar el comportamiento no es lo mismo que justificarlo.

Existe un segundo camino, menos tortuoso y pesado, y es el perdón por amor. Sí, sólo por amor, porque sí. Así como el perdón que dan los padres a sus hijos, un perdón que no se reflexiona, no se le busca explicación, nada, sólo perdonamos. Y sabemos que es perdón por amor, porque puede pasar el tiempo y aunque el recuerda exista no duele. Es más, los padres pueden hablar del hecho sin sentir dolor alguno. Eso sucede en nosotros como seres humanos cuando el perdón es por amor.

De ambas formas se puede llegar, si ni aún así sientes que puedes si quiera perdonar parcialmente, entonces toca trabajar en buscar ayuda o apoyo (profesional) para que se te haga más fácil el proceso y llegar a hacerlo sin lastimarte ni lastimar a los demás. Que esté claro que si aún sigue doliendo NO podemos hablar de un verdadero perdón y por ende te estás haciendo daño. 

Hay que recordar que el perdón es vaciar la memoria de malos recuerdos y alivianar las heridas. Si se decide hacer uso de él, se acabará con buena parte de la carga de los hechos del pasado. Perdonar y se perdonado es una forma exclusivamente humana, al cual puedes asistir para cerrar un capítulo y enterrar lo que te mortifique.




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